
Panta la semilla, de lo que será manzana, de la manzana que antes fué corazón
la rosa y el principito
Silenciosamente reunida como hojas
pegada en la colina
El va y viene sintiéndose a gusto
Parecidos a la vida, o al dolor
Aún buscando en todas partes
no pudo encontrar
la única maravilla.
Ignorante camina
por el espejo convexo
Dos en las sombras
del lado opuesto
Mirando distinto
en lo invisible del corazón.
© Ina 2008
- Zorro : Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver a las rosas:
- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo, y ahora es único en el mundo.
Y las rosas estaban muy incómodas.
- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.
Y volvió con el zorro:
- Adiós – dijo...
- Adiós – dijo el zorro. –He aquí mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
El principito de Antoine de Saint-Exupéry